Inicio Andalucía La sequía y las altas temperaturas de mayo y junio están afectando al olivar jiennense y a su próxima producción de aceite.

La sequía y las altas temperaturas de mayo y junio están afectando al olivar jiennense y a su próxima producción de aceite.

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La sequía y las altas temperaturas de mayo y junio están afectando al olivar jiennense y a su próxima producción de aceite.
Campos de olivar en la Comarca de Andújar. Foto: Antonio Marín.

La situación del olivar comienza a preocupar porque, aunque es pronto para dar datos sobre producción de cosecha, sí se pueden ver las pérdidas ocasionadas por la ola de calor de mayo en muchas zona de campiña, a lo que se une la situación de sequía desde hace años, y la falta de lluvia, sobre todo en meses críticos como el de febrero. Técnicos de COAG Jaén hablan ya de una próxima cosecha media baja, en la que los secanos son los más afectados.

La primera ola de calor de mayo ha marcado la producción en las parcelas que estaban en floración, especialmente en zonas de campiña, como Mengíbar, Villanueva de la Reina, Espeluy o Guarromán, ya que la flor se ha quemado y no ha quedado nada. Esta ola de calor del mes de junio ha afectado a algunas parcelas de zonas de sierra que florecen más tarde.

El olivar de secano se ha visto afectado por un invierno seco y unas lluvias en primavera tardías. Los olivos han movilizado la trama y florecido tarde, y con poca fuerza. Un problema que está teniendo todos los países productores de la cuenca mediterránea según los últimos informes de la Comisión Europea que aseguran que no tienen aún cuantificados los daños.

Aunque, este año hay que hablar no tanto de zonas como de parcelas, porque hay zonas donde una parcela no tiene nada y otra sí. Hay parcelas con olivares agotados tras haber tenido buena cosecha años anteriores y no poder recuperarse por el estrés hídrico, y otras que se encuentran en mejor situación.

En lo que se refiere al olivar de riego, a la sequía se une las bajas dotaciones de agua para riego, y el desorbitado aumento del precio de la electricidad que encarece los riegos. Por poner un ejemplo, una reducción de dotación de agua del 40% en el riego del olivar supone, como mínimo, una reducción del 20% de cosecha. A pesar de que el olivo es un árbol muy resistente.

Técnicos de la organización aconsejan a los regantes que se marquen una estrategia de riego, ya que el olivo tiene momentos clave como septiembre u octubre, y hay gente que está regando mucho al ver las hojas del árbol amarillas. El consejo es dejar dotación de agua y recursos para cuando llegue el momento clave del olivo y poder salvar la producción del año, si no llueve, ya que hay mucho estrés hídrico y el verano es muy largo.

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