Inicio Andalucía La Junta apela al espíritu del 28F para que Andalucía afiance su papel protagonista.

La Junta apela al espíritu del 28F para que Andalucía afiance su papel protagonista.

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El presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno. Foto: Junta de Andalucía.

El Consejo de Gobierno ha aprobado una declaración institucional con motivo del Día de Andalucía, que se celebra el próximo viernes 28 de febrero, en la que apela al espíritu del 28F para que en los años venideros Andalucía desarrolle y afiance su papel protagonista en el contexto global, «aplicando su energía transformadora y regeneradora».

Para el Gobierno autonómico, el espíritu del 28 de Febrero «sigue vivo» y la misión actual de los andaluces no es ya consolidar la autonomía y dotarla de contenido y de objetivos, «sino la de permanecer unidos en lo esencial, con nuestras diferencias, en el afán por alcanzar un futuro acorde a nuestras inquietudes, capacidades, aspiraciones y necesidades».

Andalucía encara el presente y el futuro «despojada ya de sus inercias y revitalizada por una nueva actitud», dispuesta a seguir irradiando sus mejores atributos: «la generosidad, la hospitalidad, la concordia, la cultura, la mirada profunda, el talento, la capacidad de trabajo y la alegría».

Texto íntegro de la Declaración Institucional:

Hace ahora cuarenta años, Andalucía se movilizó con una firmeza y unidad sin precedentes para expresar, mediante los instrumentos democráticos establecidos por la Constitución Española de 1978, su voluntad irrenunciable de ocupar el lugar que le correspondía entre las comunidades históricas de la nación española. De aquel ejercicio de conciencia y dignidad, canalizado a través del Referéndum sobre la iniciativa del proceso autonómico de Andalucía del 28 de febrero de 1980, resultaría en el plazo de un año aquel primer Estatuto con el que nuestra tierra reconoció, proclamó y articuló su identidad y las reglas de convivencia, de organización y de funcionamiento necesarias para afrontar nuestros retos y alcanzar nuestras legítimas aspiraciones como sociedad.

Es en este momento, al conmemorar la efeméride bajo unas circunstancias muy diferentes de las de aquella España que se reconstruía desde el consenso, cuando cobran especial relevancia los valores y los principios que inspiraron la norma básica del Estado y que alumbraron, igualmente, la redacción del Estatuto de Autonomía para Andalucía. Valores y principios que abrieron un periodo de paz, de concordia, de esperanza, de libertad y de progreso sin precedentes en la hasta entonces convulsa e inestable historia contemporánea de España.

Estos hechos deben ser hoy motivo de reflexión frente a las dinámicas disgregadoras que, en el plano nacional, fomentan actualmente la discordia, desdibujan las prioridades de la sociedad y frenan la marcha en común hacia la prosperidad. Y han de servir, asimismo, de recordatorio de la importancia del proyecto conjunto construido sobre el acuerdo; de lo imparable que es una sociedad cuando se une en sus propósitos, en lugar de diluirse en sus diferencias.

Andalucía es ahora mejor que hace cuarenta años. Y lo es gracias a esa inteligencia que le permite dilucidar qué cosas son verdaderamente importantes y cuáles merecen una atención menor. El espíritu del 28 de Febrero sigue vivo, y la misión actual de los andaluces no es ya consolidar la autonomía y dotarla de contenido y de objetivos, sino la de permanecer unidos en lo esencial, con nuestras diferencias, en el afán por alcanzar un futuro acorde a nuestras inquietudes, capacidades, aspiraciones y necesidades.

El presente está lleno de nuevos y apasionantes desafíos, mientras siguen pendientes otros que aún no han quedado resueltos, pero que sin duda sabremos solucionar, porque tenemos, como en aquel ejemplar 28 de Febrero, la determinación de hacerlo. De ahí la necesidad de invocar solemnemente ese espíritu, para que más allá de lo inmediato, en los años venideros, Andalucía desarrolle y afiance su papel protagonista en el contexto global, aplicando su energía transformadora y regeneradora a la consecución de un mundo más sostenible, a la corrección de las desigualdades, a la creación de empleo estable y de calidad.

Y, en definitiva, al bienestar de todos y al enriquecimiento de nuestra comunidad en los más diversos ámbitos, desde el económico hasta el cultural. Para este fin hacen falta todos y cada uno de los andaluces, de todos y cada uno de sus pueblos y ciudades, los residentes dentro y fuera de Andalucía. Ese compromiso tiene que aunar las voluntades con la misma intensidad y la misma fortaleza con que lo hizo en 1980.

En esta celebración es importante confirmar la mejor disposición de la Junta de Andalucía hacia el Gobierno de España y el conjunto de las altas instituciones estatales. Plena lealtad, pero también plena exigencia, que se vincula con el respeto al ordenamiento jurídico, con la colaboración y la confianza recíproca, y con la consumación de las obligaciones contraídas, en particular las relativas a la financiación, de cuyo cumplimiento escrupuloso depende la viabilidad del Estado de las Autonomías.

Es tiempo de mirar hacia adelante. Despojada ya de sus inercias y revitalizada por una nueva actitud, Andalucía encara el presente y el futuro resuelta a ocupar su lugar en España y en el mundo y a seguir irradiando a éste sus mejores atributos: la generosidad, la hospitalidad, la concordia, la cultura, la mirada profunda, el talento, la capacidad de trabajo y la alegría que conforman, junto con esos principios y valores que fundamentan nuestra democracia, el carácter genuino de nuestra tierra.

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